El balance energético es la base para modificar y/o mantener el peso corporal y las funciones metabólicas. Incrementar el gasto de calorías a través de la actividad física ha demostrado ser una herramienta útil para mantener un peso saludable, a la par de cuidar la ingesta. Se ha focalizado la atención en la restricción de la energía, sin embargo, hace falta también fortalecer las estrategias e iniciativas para incrementar el gasto energético de la población.

Se refiere al balance de calorías consumido a través de la alimentación (comida y bebida) comparado con las calorías quemadas a través de la actividad física (NHLBI, 2013). La energía consumida debe balancearse con la energía gastada para prevenir la ganancia de peso, cada vez existe más evidencia científica que este balance debe estar en un alto nivel de flujo de energía.

La existencia de una epidemia mundial de obesidad está bien respaldado por varios estudios, incluyendo los de la Obesity Task Force, que muestra niveles de obesidad que han ido incrementando de 10-14.9% a 20-24.9% desde hace 20 años en algunos países Europeos. Mientras este incremento de peso corporal no puede ser disputado, su etiología requiere investigación adicional.

Varios estudios muestran que el gasto de energía en el trabajo ha ido disminuyendo alrededor de 120-140 Kcal/día. Además, la ganancia de peso que se predice a través de esta reducción en el gasto de energía se acerca a los cambios en el peso de las encuesta NHANES, sugiriendo que la disminución del gasto de energía durante la jornada laboral es un fuerte determinante de los niveles actuales de obesidad (Shook, 2014).

La inactividad es el segundo factor de riesgo para mortalidad. Reducir el peso corporal en la población en general y disminuir la incidencia de las enfermedades crónicas no transmisibles a través de iniciativas efectivas que incrementen la actividad física son necesarias.

Investigaciones recientes sugieren que un alto flujo de energía, sostenido por un incremento en el gasto de energía puede mejorar el perfil metabólico de un individuo aunque no haya cambio en el peso (Hand, 2014).

Un buen ejemplo de programa para incrementar la actividad física es el que se lleva a cabo en Sao Paulo, iniciado en 1996, está diseñado para cambiar la forma de pensar y promover que las personas se vuelvan ciudadanos más activos. Incentivando que cada persona acumule 30 minutos al día de actividad física moderada por 5 o más días a la semana. La clave en este programa es que las metas son alcanzables por la mayoría de las personas, con muy poco o nulo costo y sin ocasionar perjuicios o daños que pueden suceder al practicar deportes más vigorosos (Mahecha, 2003).

 

Bibliografía

Hand G, Blair S. Energy Flux and its Role in Obesity and Metabolic Disease. European Endocrinology. 2014;10(2):131–5.

Mahecha-Matsudo S, Rodrigues-Matsudo V, Araujo-Leandro T, Roque-Andrade D, Luiz-Andrade E, de Oliveira LC et al. The Agita Sao Paulo Program as a model for using physical activity to promote health. Rev Panam Salud Publica/Pan Am J Public Health. 2003. 14(4).

National Heart, Lung and Blood Institute. 2013. Disponible en: http://www.nhlbi.nih.gov/health/educational/wecan/healthy-weight-basics/balance.htm (Último acceso 08 de Septiembre del 2015).

Shook RP, Blair SN, Duperly J, Hand G, Matsudo S, Slavin J. What is causing the worldwide rise in body weight? US Endocrinology. 2014;10(1):44–52